Creemos que el liderazgo se ejerce únicamente desde un escritorio, tomando decisiones frente a una pantalla o cerrando acuerdos comerciales. La realidad es que no puedes liderar con claridad ni gestionar la presión de un negocio si antes no eres capaz de gobernar tu propia máquina.
Dominar tu cuerpo —construir fuerza, moverte con agilidad y sostener tu propia estructura— no es vanidad física ni un pasatiempo; es entrenar la mente para tolerar la incomodidad, mantener el foco bajo estrés y llegar a los 45 o 50 años con vitalidad real en lugar de cansancio acumulado.
Tu cuerpo es el soporte biológico de todas tus decisiones. Si no tomas el control de él, la rutina terminará tomando el control de ti.